Ni sofá ni plataforma: el cine vuelve a reunir a los pueblos de Cáceres en sus plazas

El programa estival de Aupex, que cumple casi tres décadas, recuperar el ambiente de los antiguos cines de pueblo para revitalizar sus espacios públicos y reforzar vínculos vecinales

Si has pasado alguno de tus veranos en las zonas rurales de la provincia de Cáceres, seguramente tuviste la suerte de disfrutar de las películas en un formato único. Hace algunos años era habitual que cada pueblo tuviera una fecha marcada en el calendario, una noche que niños y mayores esperaban con ilusión para compartir cine al aire libre.

Aunque algunos municipios conservan todavía esta tradición tan especial, son muchos los que dejaron de celebrarla con el paso del tiempo.

Frente a esa desaparición progresiva, el programa de Cine de Verano de la Asociación de Universidades Populares de Extremadura (Aupex) continúa llevando películas recientes a plazas, parques y espacios públicos de toda la región. Este año alcanza su vigésima octava edición, después de casi tres décadas transformando las noches estivales de numerosos municipios en improvisadas salas de exhibición.

Una experiencia nacida en 1997

La iniciativa, tal como se conoce actualmente, nació a petición de las propias Universidades Populares. Su origen se encuentra en un ciclo de cine mudo al aire libre con acompañamiento musical en directo que Aupex organizó durante el verano de 1997.

Marta del Pozo, directora de Programas Culturales de la entidad, y José González, coordinador de Programas, explican que aquella experiencia despertó el interés de las localidades por recuperar el ambiente de los antiguos cines de pueblo.

A partir de ahí se creó un programa orientado a llevar cine comercial hasta municipios que carecían de salas estables y a reconstruir el clima de encuentro que tradicionalmente rodeaba a las proyecciones estivales.

Desde su puesta en marcha en 1998, el proyecto ha atravesado importantes transformaciones técnicas. Las antiguas películas en 35 milímetros han dado paso a los actuales sistemas digitales, pero la finalidad sigue siendo la misma: que cualquier persona pueda disfrutar de una película en pantalla grande, independientemente del lugar donde resida.

Entre cuatro y ocho sesiones

La participación de los municipios no se decide de manera unilateral. Cada año, Aupex ofrece el programa a las Universidades Populares y a los ayuntamientos, que son los encargados de solicitar su incorporación. Una vez confirmada, cada localidad elige los títulos que considera más adecuados para sus vecinos dentro del catálogo disponible.

En esta edición, cada Universidad Popular puede programar entre cuatro y ocho sesiones, adaptando las fechas y los contenidos a las características de su población. La selección combina éxitos familiares, propuestas recientes y películas con un especial interés cultural o social, con el propósito de atraer a espectadores de diferentes edades.

Aupex coordina todos los aspectos generales. La entidad selecciona y negocia el catálogo, gestiona los derechos de exhibición, organiza el calendario y asume la logística necesaria. También aporta la pantalla, el proyector, el equipo de sonido y el personal especializado que se ocupa del montaje, la proyección y el posterior desmontaje.

Los ayuntamientos y las Universidades Populares preparan los recintos, movilizan los recursos locales, difunden las actividades y organizan la acogida del público. El programa es posible gracias a la colaboración de Aupex, la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Extremadura y las administraciones locales participantes.

Mucho más que ver una película

La importancia del cine de verano va más allá de su oferta cultural. Cada sesión convierte una plaza o un parque en un lugar de convivencia donde coinciden niños, jóvenes, familias y personas mayores. La película se transforma así en una experiencia colectiva difícil de reproducir en otros contextos.

Del Pozo y González destacan que «el cine ayuda a descubrir otras formas de vida«, desarrollar la sensibilidad artística, despertar la curiosidad y generar conversaciones sobre cuestiones que afectan a la sociedad. Además, garantiza un acceso más igualitario a la cultura en municipios donde no existe una cartelera permanente.

Su celebración también devuelve actividad a los espacios públicos, anima las noches estivales y puede beneficiar a bares, terrazas y pequeños establecimientos. En una región marcada por la dispersión geográfica y por el reto de la despoblación, estas propuestas contribuyen a reforzar los vínculos vecinales y a mantener los pueblos activos.

La desaparición de las antiguas salas

Muchos cines extremeños comenzaron a cerrar entre las décadas de 1960 y 1980. La pérdida de población joven, el envejecimiento, la dispersión de la demanda y la falta de rentabilidad dificultaron la continuidad de las pequeñas salas. A ello se sumaron la expansión de la televisión, la llegada del vídeo doméstico y, posteriormente, el crecimiento de los multicines urbanos y de las plataformas digitales.

La desaparición no supuso únicamente la pérdida de una opción de ocio. También se apagaron espacios de socialización que durante años habían reunido a distintas generaciones.

En ese contexto, el modelo itinerante de Aupex permitió compartir medios, reducir costes y garantizar todas las condiciones técnicas y legales. Gracias a ello, cuando cae la noche y una pantalla vuelve a levantarse en mitad de una plaza, el cine recupera algo que nunca debió perder: su capacidad de reunir a todo un pueblo frente a una misma historia.

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